“Vivir el momento” (“We Live in time”)

Melodrama romántico del 2024. De producción británica, narra la historia de una pareja, desde su encuentro inesperado, a una difícil verdad que amenaza con sacudir sus cimientos. Escribe Nick Payne guionista de “The Crown”, libreto que dirige el irlandés John Crowley, es conocido por su trabajo en la pequeña pantalla, por poner un ejemplo, ha dirigido en la 2T de “True Detective” y el capitulo de Black Mirror: “Beyond the Sea” (2023). Un trabajo de dirección limpio, que pone énfasis en los detalles: una mirada, un gesto o un silencio, elementos que sostienen la premisa central del film. Uno de los grandes reclamos de la película, es el dueto interpretativo protagonista, por un lado Florence Pugh y por otro, Andrew Garfield, ella con 29 años, y el con 41 años, que aunque la película no juegue con la diferencia de edad en ningún momento, son tan buenos interpretes y es tal la química…que parece que tienen la misma edad.

Curiosidades aparte, los dos personajes principales, son el núcleo del film, respaldados por un guión solido. Ambos ofrecen unas interpretaciones naturales y bastante realistas, influenciados por la cotidianidad que demanda el film, mostrando precisamente cómo las decisiones cotidianas pueden transformarse en momentos decisivos. Mediante una narrativa no-lineal, perfectamente montada, muestra esta historia de amor de una forma muy fluida. La naturalidad con la que esta contando la historia, y la credibilidad de la misma, es una de las grandes bazas del film. Es evidente, que “Vivir el momento” tiene todo para definirla como un melodrama de tarde de Domingo, pero no juega con la lagrima fácil, esta a otro nivel, el juego es otro, en su capacidad de encontrar profundidad en lo cotidiano, y conectar con el espectador a través de emociones sinceras y situaciones con las que cualquiera puede identificarse. Además, mediante un dinamismo narrativo, tiene una combinación inteligente de momentos cómicos y dramáticos, una combinación que se maneja con maestría, ofreciendo respiros emocionales, con esos gags sutiles que esbozara alguna que otra sonrisa. Película sencilla, humana y cotidiana con dos grandes interpretaciones, en un relato tan intimo como potente, dirigida a un espectador muy concreto, pero imposible no considerarla una gran película.